domingo, 25 de agosto de 2013

No está bien, pero lo hacen

http://elimpulso.com/articulo/no-esta-bien-pero-lo-hacen# No es válida la ecuación por lo que algunos asumen pecar o perjudicar a otros, so pretexto de que al fin darán cuenta a Dios; pues nunca se hace el mal de manera tan plena y alegre que cuando se hace basado en un falso principio de conciencia. Hay quienes se arrogan el derecho de fundamentar su propia felicidad basada en la infelicidad de otro u otra. No miran para atrás, ni siquiera vislumbran el futuro y el efecto boomerang en su propia descendencia ni en sus almas, si con ello le roban el mundo y el destino a otro ser humano. Incluso sentencian al prójimo a una vida de angustia, tortura y soledad. Obscenamente encubiertos, se atribuyen el derecho de fracturar la vida y destruir el mundo de otros. Se inmiscuyen cobardemente en la vida privada del prójimo y hacen cuanta maroma intelectual puedan, para lucirse de su poder creativo en el afán de causar discordia e infelicidad, con tal de obtener cualquier cosa, así sea ajena. Con bajo perfil o abiertamente, sin importarles causar dolor y sufrimiento propician la muerte de otro ser humano. Hay quienes con los ojos inundados de llanto se desgastan física y anímicamente, llenos cada vez de dolores más intolerables, ante la mirada astuta y complacida de la perversión. Lo planteo con un ejemplo: Solo Dios sabe lo que piensan en sus retorcidas mentes quienes se amanceban furtivamente, porque saben que ¡no está bien, pero lo hacen! Y en sus encuentros planean y ejecutan estocadas a otro ser humano y saciando sus bajos instintos regurgitan impiedad, injusticia, violencia; dando rienda suelta a su concupiscencia sin importarles un bledo ni lo que pierden arriba en el cielo, ni el daño que causan en la tierra. Aunque ante corazones perversos no hay argumento que valga. Fíjense con temor sobre la crueldad con la que ignominiosamente tratan a su víctima, pues el Creador del Universo el propio Dios, de ningún modo tendrá por inocente al malvado.

domingo, 4 de agosto de 2013

Una verdad Inconveniente

Crisanto Gregorio León 
crissantogleon@gmail.com





    Hacer carrera para triunfar en la tierra a costa de lo que sea y de quien sea, para llevarse a quien sea por delante, sin importar nada, a una alta velocidad y por encima de cualquier circunstancia; sin quererse percatar que de igual modo y en una velocidad similar se le están abriendo las puertas del infierno…
     A veces el hombre se propone alcanzar las metas soñadas aunque en ello destruya a otros, incluso a padres de familia inocentes, que llevan el sustento, medicinas y calor a sus hijos con sacrificio, honor y ética. 
    Pero que se han vuelto inconvenientes por decirnos la verdad. Paralelamente y a la misma velocidad como acuñan laureles en la tierra, de esa misma forma reservan su puesto en el infierno… 
    En el día del juicio, Jesús dirá a los que estén a su derecha: “Vengan, entren en el Reino. Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estuve enfermo y me visitaron…”
     Y luego el Señor les dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, porque estuve hambriento y no me dieron de comer; estuve sediento y no me dieron de beber; estuve enfermo y no me visitaron”.     Y ellos le preguntarán: “¿Cuándo te vimos hambriento, sediento o enfermo, y no te asistimos? Jesús les responderá entonces: “Todo lo que no hicieron por el más pequeño de sus hermanos, tampoco lo hicieron por mi” Y todo cuanto hicieron en contra de los inocentes, lo hicieron en mi contra”.
     Y miramos al hombre justo y decente de soslayo como si fuera un leproso, lo mandamos a orar, le decimos mentiras y le hablamos con autoridad.
     Urdimos cuanta respuesta pueda satisfacer nuestra actitud “estoy sobrado o sobrada”, mientras servimos a la injusticia.
     Pero a todos nos llega el momento de rendir cuentas ante el tribunal de Dios. Cuando estemos ante el tribunal de Dios.
     Él no nos preguntará cuantos títulos obtuvimos en la tierra, ni cuántos cargos desempeñamos, ni cuánto dinero acuñamos. ¡No! , nos hará preguntas como estas: ¿cómo te comportaste con tu hermano o hermana, con el vecino, con tu madre o tu padre, con tus hijos y los hijos del prójimo. ¿De qué manera utilizaste tus posiciones terrenales? ¿Te aprovechaste de tus circunstanciales posiciones de poder para ayudar y cumplir mis mandamientos? ¿O por el contrario, la ira que es uno de los pecados capitales se apoderó de ti e hiciste cuando daño pudiste a quien no lo merecía? 
    No obstante, como dijo Antonio Machado, “la verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Protocolo de Perdón

Por quienes por soberbia, orgullo o tiranía de la conciencia, sin intención pero con culpa, sin razón o con arrebatos, con razón pero sin humildad, sin motivos o con ellos pero sin tacto creen hacer lo correcto mientras destruyen a su prójimo. Por quienes se aprovechan de la circunstancial ventaja de una posición de poder para herir y gambetear; por quienes sin calibrarla precipitan una opinión devastadora, por quienes no viven sino colocando emboscadas al prójimo. Por quienes en nombre del amor se dan al odio, por quienes se desgastan en vanidades, por quienes mienten y por quienes les creen; por quienes traicionan y por quienes tientan la traición. Por quienes buscan la riqueza fácil; por quienes odian, por quienes propician las injusticias, por quienes son presa de la belleza disfrazada, por quienes se dejan seducir por la apariencia, por quienes no reconocen sus errores, por quienes para ellos la culpa es de los demás. Por quienes se entrometen, por quienes envidian, por quienes roban, por quienes matan, por quienes urden la venganza, por quienes irrespetan y pretenden ser respetados, por quienes sufren de patologías histriónicas y su público engañado. Por la madre que asesina a su hijo o hija alcahueteándole. Por quienes no piensan en el futuro, por quienes desdeñan de la pureza a favor de la podredumbre, por quienes son insensibles; por quienes se creen autosuficientes. Por quienes generan tristeza e incertidumbre y por sus victimas, por quienes venden sus cuerpos, por quienes insultan sus almas, por los que lloran, por los que esperan, por los que no meditan sobre su proceder y sobre el efecto boomerang. Por los alcohólicos y los drogadictos, por los miserables, por los pobres, por los enfermos mentales, por quienes han descalificado, subestimado, descalificado, humillado o herido al prójimo. Por los que se esconden tras una máscara mientras su figura agazapada es impune en perjuicio de los demás. Por los niños que sufren, que lloran, que tienen hambre, que están huérfanos, que han sido violentados y violados, que son tratados indignamente. Por los pedófilos para que recuerden el niño que alguna vez fueron. Por los que practican la hechicería, la magia negra y la brujería; por los ladinos que se mantienen presos de sus poquedades espirituales. Por los que no tienen ética y por quienes la blanden como escudo, por los que se enferman de mando y de autoridad. Por el hombre que pide auxilio, por la mujer que llora de verdad y por la que finge para que no lo haga más. Por los enfermos de Sida y por quienes los contaminaron. Por quienes no corresponden a la verdadera amistad y por quienes se aprovechan de los amigos, por quienes se olvidan de quienes les tendieron la mano y no son capaces de tenderle la mano a nadie y son déspotas para no perdonar ni ser gentiles; por quienes no le dan a nadie la oportunidad de resarcirse ante el mundo y el trabajo. Por quienes son incapaces de pedir perdón; por todos nosotros Señor Dios, Perdón y míranos con misericordia. Abogado crisantogleon@gmail.com

domingo, 16 de septiembre de 2012

Las Manos de Dios

No carecen de significado las situaciones experimentadas y vividas. De todo queda un aprendizaje. Las cosas no suceden al azar. Indisolublemente tienen un por qué. Es difícil aceptar los propósitos intangibles o incomprensibles, en la faena del diario acontecer; sea cual fuere el trabajo o el oficio desempeñado. Los roles son infinitos. Nuestra comprensión pocas veces alcanza satisfacer las expectativas que se espera de nosotros. En ocasiones por no comprenderlas y en otras por desconocerlas. Se entretejen los destinos como una superautopista o un gigantesco distribuidor vial e inadvertimos el proyecto de Dios. Cada cual tiene una tarea y es colocado en la función específica para asumir con o sin su conciencia un proyecto en el engranaje de la vida. Unos lo acatan con entereza sin descubrirlo, otros se encabritan y hay quienes tienen conciencia de ser la mano de Dios y se deleitan en cumplirlo para cuando les corresponda ver su rostro. Para muchos, la vida es vacuidad; pocos meditan sobre la suerte y la abundancia, la salud, la alegría y la tristeza. Como un diploma en el que se invierten largos años, paro luego no desempeñar la profesión. La vida es una carrera donde se obtiene un certificado de cuyas experiencias y desempeños nos harán sentir orgullosos, vanidosos o serenos de conciencia para cruzar un portal con un semblante sonriente. Nos moldeamos o nos dejamos moldear. Rechazamos la tarea del destino o cabalgamos sobre él. Negamos la existencia del destino o forjamos el que deseamos, sin percibir que ya está marcada alguna asignación especial del hacedor del universo. El entramado de la vida, cosa difícil de entender; doloroso parto aceptar los reveses; estéril sollozo ante lo inevitable; radiante gesto ante lo posible y gustoso alborozo remediarlos. Somos la creación de Dios y Él se hace presente entre nosotros con sus actos por nuestras manos. Constituimos los instrumentos para cumplir los designios del altísimo. Afortunados o desgraciados; unos son la posibilidad de los otros; la simbiosis hace el equilibrio o intenta lograrlo. Encontramos o pedimos, buscamos o rogamos; nos vienen sin esfuerzo o sudamos para hallarlos. Cada quien desde sus talentos o desde sus miserias, ignora al Señor de los cielos o eleva una ofrenda por su suerte o su destino. Abogado crisantogleon@gmail.com

martes, 28 de agosto de 2012

El lenguaje y los seres que amamos

Crisanto Gregorio León Un ejemplo gráfico te puede poner a pensar. Si en las relaciones de trabajo o en las relaciones sociales, te cuidas de usar un lenguaje que en ningún momento pueda ser agraviante o vulgar para con quienes te rodean o comparten la rutina laboral contigo, para con tus vecinos, o para quienes obligatoriamente te tropiezas en el día a día así no trabajen contigo, y lo haces por cultura o educación y hasta por precaución. ¿Entonces porque no ser igual de considerado o considerada en familia, para con tus padres, para con tus hijos e hijas y para cuantos forman tu entorno familiar? El lenguaje en familia debe ser amable, cordial, lleno de aprecio y estima hacia quienes forman nuestro entorno, una comunicación llena de consideración y afecto que demuestre el amor que profesamos hacia quienes sentimos nuestros, inclusive si son de la propia sangre y sin serlo más aún, porque el vinculo del convivir y crecer en familia debiera hacer una fraternal coexistencia que incluso a veces es más fuerte que la sangre misma. Todos debemos suavizar nuestras palabras para con nuestros semejantes, para con nuestros hermanos, sean de sangre o si se trata del prójimo al que se refieren los pasajes bíblicos. Pero en cualquier caso, debemos evitar palabras vulgares y lenguaje soez. Erróneamente hay quienes se permiten tratar a sus familiares con lenguaje hiriente, grosero, desconsiderado y sin medir las palabras las sueltan contra los seres que mayor respeto merecen en la casa, los padres. Sí, papá y mamá muchas veces son objeto de maltrato verbal por parte de quienes deben estar agradecidos todo el tiempo porque le deben la vida. Y se permiten los hijos unas libertades que demuestran cuan equivocados están respecto del amor y consideración que mamá y papá tienen para con ellos. Porque ese amor paterno y materno, no debe ser confundido a tal punto de entenderlo como permiso para irrespetarlos. Y lo mismo debe ser en sentido inverso, que la condición de padre o madre no signifique una autorización para irrespetar a los hijos e hijas con palabras injuriosos y descorteses. Mamá y Papá, la mayoría de las veces se contienen “por amor” y los hijos no logran digerir que los padres jamás estarán por debajo de ellos. No importa la edad, ni el nivel de estudio, ni los grados académicos, ni la posición social, ni el mejor estatus económico que adquieran los hijos, ni ningún logro meritorio; como para sentirse superiores a los padres. Nunca, bajo ningún concepto, ni los hijos, ni las hijas serán ni podrán ser superiores a sus padres y mucho menos como para creerse autorizados para tratarlos de forma despectiva y humillante. “No hay que ser igualadas ni igualados”, como diría el célebre comediante Mario Moreno Cantinflas. Papá y mamá son eso, papá y mamá; no son unos desconocidos a quienes les volcamos y saltamos de inmediato con altanería y grosería para decirles cuanto nos venga en gana sin medida ni respeto. Y lo mismo se aplica en sentido contrario para con los hijos e hijas, ellos son nuestros tesoros. Y seguramente la precaución no te permitiría tratar a un extraño despectivamente y con vulgaridades y malas palabras, pues no sabrías cual sería la reacción. Entonces, a tratarse en familia con el amor que merece la sangre que corre por sus venas. Con amor de padres, con amor de hijos. Cuidado, afecto y consideración en el trato intrafamiliar en la clave de la armonía y del amor en el respeto mutuo. Pero ojo, cuenta hasta un millón antes de devolverle un insulto o un mal trato a papi o a mami, espera a que las cosas se tranquilicen y conversa en un ambiente de calma y serenidad. Los padres no deben abusar de sus privilegios ni los hijos de sus concesiones.

jueves, 2 de agosto de 2012

Con Aroma de Romero

No he sabido del primero y no tengo información que en toda la historia de la humanidad haya ocurrido un caso donde a alguien se le inhume ni con sus títulos nobiliarios, ni con sus títulos académicos. “Si pensáramos durante todo el tiempo que permaneceremos muertos, fuéramos mejores personas el poco tiempo que permaneceremos vivos”. Traigo a colación este pensamiento de mi autoría en ocasión a los despropósitos de quienes haciendo alarde de su posición circunstancial en cualquier esfera del ámbito social o académico, se enseñorean de tal manera que parecieran sin hechura de imperfección. Evoco al “Poberello de Asís”, Francisco de Asís, quien de joven renunció a sus títulos nobiliarios y a la herencia paterna para vivir en extrema pobreza y sacrificio en adoración a Dios y en provecho de sus hermanos. No es que con este ejemplo quiera motivarlos a la santidad que sería el mejor camino para la salvación, solo hago referencia a Francisco como quien sin alarde de sus acervo hereditario, de riqueza y de alcurnia, adoptó una vida humilde de comprensión y de amor hacia su prójimo. Quienes hayan tenido, tienen o tendrán la posibilidad de lograr en la vida alguna posición que les coloque eventualmente en mejores condiciones que otro u otra, se cual fuere el nivel o el aspecto sobre el que manejen alguna potestad, cabe evaluarse la conducta al tiempo de ejercer esas atribuciones, pues es allí el instante de demostrar que luchan por obtener una sensibilidad más evolucionada, una visión más cónsona con el poco tiempo que han de permanecer vivos sobre el planeta. Momento de evaluar el proceder propio con nuestros hermanos, sin ínfulas, ni soberbia, ni postín. Ciertamente el hombre y la mujer con una visión de futuro enrumban su destino para la consecución de metas que le permitan elevar su nivel de vida y buscar calidad de vida. Pero una vez logrado o en la carrera para obtenerlo, no debemos ser, ni soberbios, ni inflarnos como pavo reales, ni exhibir vanidosamente con jactancia y prepotencia en nuestro “momento de poder” el monstruo de la pedantería. En la vida, nos encontramos con gente que no lograr vislumbrar su propia personalidad y se sienten justificados con hacer lo que hacen porque su “nivel” se los exige y en ello se convierten en “hediondos o hediondas”. A quienes solo se les acercan personas por razón de educación o porque no hay otro remedio, pero que no tiene ascendencia afable ni en el corazón ni la mente de quienes deben por obligación aproximárseles. La relación endogámica que finalmente lleva a la degeneración biológica y que a manera de ejemplo coloco para ser más gráfico; que es igual a la llevada consigo misma por la persona que no logra entender que en la vida estamos de paso y que es preferible que nos sigan las bendiciones de la gente en vez de los anatemas; culmina igualmente en una degeneración donde mira a todos por encima del hombro, de soslayo, en vez de aprovechar su existencia para aproximarse al alma humana. Con aroma de Romero cada Francisco, que sin llamarse imperiosamente como el Poberello de Asís pero que igual desarrolla una vida de hermandad y de trabajo, sin jactancia ni prepotencia es el ejemplo más franco de humildad. Crisanto Gregorio León Abogado crisantogleon@gmail.com

domingo, 6 de mayo de 2012

Nadie te pidió que lo hicieras
Crisanto Gregorio León

Con certeza usted ha escuchado alguna vez esta expresión, “nadie te pidió que lo hicieras”. , o alguien se la ha empuñado en su rostro como un argumento para desconocer su bondad o su buena acción.
Esa satisfacción espiritual que se siente en hacerle bien a alguien, pretende ser nublada con un verbo vejatorio e ingrato.
Y es que la persona desagradecida carece en su mente y en su corazón de los ingredientes necesarios para dimensionar la grandeza del espíritu de quien realiza gestos de amor y de entrega hacia ella. El desagradecido tiene un corazón sin memoria.
Para la soberbia del desagradecido, lo que haga el otro o la otra en su bien no tiene ningún valor y para nada cuenta; si no quiere reconocer que alguien le ha hecho favores o continuamente se ha amparado en los gestos y actos de amor de un benefactor.
No está bien desdeñar de las personas de quienes recibimos el bien, pues toda esa bondad que nos entregan y nos prodigan; con toda la energía divina que ellas comportan, podrían agitarse peligrosamente en nuestra contra como castigo por la maldad de un corazón desagradecido.
Si bien la manifestación del amor cristiano, ha de hacerse sin pedir nada a cambio; tampoco es justo que quien hace el bien, reciba de vuelta un acto de crueldad. Por eso ante el olvidadizo corazón del desagradecido bien vale la pena presentarle la lista de lo que ha recibido, de lo que ha aprovechado y de lo que se ha servido; y que acomodaticiamente quiere desconocer; para por lo menos estremecerle su alma, a ver si se salva; pues de desagradecidos está lleno el infierno.
De igual modo, cuando se hace el bien, o se conceden favores; estos deben caracterizarse por la buena deposición del ánimo en la entrega y en la acción, para que su manifestación esté invadida de buenas energías; pues no se agradece lo que se hace de mala gana o con el corazón lleno de hiel. Eso no merece agradecimiento, porque no se hace con amor sino con odio.
También "Es muy común recordar que alguien nos debe agradecimiento, pero es más común no pensar en quienes le debemos nuestra propia gratitud" Johann Wolfgang Goethe.
Ciertamente los favores no se hacen para que se agradezcan, sino por la convicción y la bondad del corazón, pues el favor pierde su esencia cuando el interés malsano lo impulsa. Pero tampoco hay que ser mal agradecido y devolver mal por bien. Muchas veces la gente recibe el favor de alguien y le devuelven desagradecimiento y hasta traición.
Un pensamiento de Martín Luther King recoge parte de este comportamiento humano: “Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada, más rápido que un favor”.

Abogado
crisantogleon@gmail.com